Historia del Cristo Morado

 

 

La historia del Señor de los Milagros comienza con unos esclavos  negros. La mayoría de los que habían llegado a la ciudad de Lima se convirtieron  al cristianismo y mezclaron los ritos cristianos con sus cultos nativos.  En el siglo XVII el número de esclavos aumentó y las estadísticas señalan que se acercaban a un tercio de la población total.  Todos estaban bautizados, aunque su formación religiosa era incipiente y defectuosa, siguieron la costumbre de sus amos y de la época, y se organizaron en cofradías religiosas bajo la advocación de un santo, de la Virgen o la Santa Cruz.  Todas las castas confraternizaban entre ellas y celebraban sus festividades con ruidosos jolgorios que no tenían nada de recogimiento, porque eran una mezcla de religiosidad y paganismo.

En el siglo XVII, unos negros de la casta de los angola, constituyeron una cofradía en el barrio de Pachacamilla, llamado así, porque allí habitaron unos indígenas de la zona prehispánica del dios Pachacamac. Este barrio de la Ciudad de los Reyes, donde actualmente se yergue el Monasterio de las Nazarenas, casa del Señor de los Milagros, fue llamado también de la Santa Cruz, pues allí por 1624 se pintó una Cruz,  como símbolo de protección.

Corrían los años de 1651 y uno de los angoleños pintó sobre el muro del lugar, la imagen del Señor Crucificado para orar, presidir las reuniones de la cofradía y presentarle ofrendas. Así de simple y con gran sencillez, nace la imagen de mayor devoción limeña y símbolo del Perú. El muro en que se pintó estaba en el terreno de Hernán González y servía de medianera con la casa huerta de Don Diego Tebes Montalvo.  

Tiempo después, por los años de 1670, el lugar quedó abandonado y Antonio de León, vecino del barrio,  decidió tributarle culto, poniendo por techo una pobre enramada y por altar una mesa de adobes. El Señor premió este gesto sanándole de una cruel enfermedad. A este primer devoto muchos le hicieron compañía en su devoción al Crucificado; y viendo que el Señor les favorecía con visibles favores, establecieron cada viernes por la noche, romerías con música y cajón.  



El culto al Señor de los Milagros viene, pues,  de un sencillo galpón y ganó importancia y relieve gracias a la devoción de los vecinos de aquellos barrios de Lima. Sus costumbres religiosas tienen hoy dentro del catolicismo popular, no sólo vigencia, sino actualidad. Todos están de acuerdo en señalar que no hay devoción más compenetrada con nuestros usos y costumbres que la del Señor de Pachacamilla. El Señor de los Milagros es símbolo – imagen de la fe de los peruanos y peruanas. Es la proyección y recepción de deseos y  necesidades. Con el CRISTO MORADO se comparte el dolor y la pasión histórica del Perú. Es el símbolo del Perú. Originalmente fue invocado para defender Lima y sus contornos de temblores. Hoy es invocado contra carestías y cualesquiera otras calamidades. Humildemente se le suplica alejarnos de todos los males del alma.

Su imagen está presente al interior del país, como en distritos de Lima, pues en todos ellos hay devotos y testigos por favores recibidos. Tienen sus propias hermandades que vestidos con el tradicional hábito morado, sacan su réplica en procesión por las calles del barrio. Peruanos residentes en Argentina, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, México, Panamá, Suiza, entre otros países, han formado hermandades y en santa  procesión, recorren zonas céntricas de aquellas ciudades. En Estados Unidos se registran varias hermandades, destacándose la de Nueva York con cerca de treinta años de actividad, tiene sietes cuadrillas y cuenta con veinte sahumadoras.  

El color morado es el color litúrgico de la Cuaresma y del Adviento, épocas de preparación y penitencia de la Iglesia. Simboliza por otro lado, la austeridad, la penitencia y el sufrimiento. En el  Perú, mencionar el color morado, es automáticamente hablar del mes de octubre y concretamente del Señor de los Milagros.



Lima patria de santos

Es digno de estudio el hecho de que, en esta sociedad incipiente y extraña floreciera el mayor plantel de santos que puede darse en una misma época y en un mismo lugar.  Aunque con algunos años de diferencia, convivieron en Lima cinco santos, tres nacidos en España y los otros dos criollos.  Ellos son, Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, Isabel Flores y Oliva, más tarde llamada Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, San Juan Macías y San Francisco Solano. Son santos que dieron con sus virtudes una nota de misticismo que glorifica la ciudad y la época. Ellos han marcado caminos de renovación espiritual y humana para toda la América de habla hispana.

 

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